Nos encanta que nos digan lo duras que serán las etapas porque cuando las hacemos se convierten en más sencillas. Teníamos que llegar a Medellín el día 11 de marzo, nos quedaban 7 etapas en plano para acabar el último día con la mítica ascensión al Alto de Minas.  Todo el mundo nos asustaba, tendríamos que bajar de nuestras bicicletas en algunos tramos porque la subida era de armas tomar. Allí iban a entrenar los mejores ciclistas y era una de las etapas míticas de la vuelta a Colombia.


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Hicimos el curso de primeros auxilios en Andalucía por si a caso no resistíamos a las duras subidas


Lo que no sabían ellos es que nosotros ya teníamos un plan: ir a la velocidad de las mariposas. Este ritmo es el que nos permite ser constante ante la mayor de las adversidades, respirando y pedaleando despacito hace que veamos pasar los desniveles que vamos dejando atrás con tranquilidad ¡Qué satisfacción! El dolor se va deshaciendo y la sonrisa aumenta un milímetro más. ¡Lo que parecía imposible ya no lo es!


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Cuando uno amanece así no hay subida que se le resista. ¡Al buen tiempo buena cara!


Pero lo que no sabíamos nosotros es que la Vida ya tenía otro plan: recibir la hospitalidad de los Paisas y hacerlo aún todo más sencillo. Y así, en el último tramo de los 2500 m de trepada se nos acercaron dos ciclistas: Rubén y Pablo. Habían llegado dos ángeles, querían hacer de nuestra estada en Medellín unos días especiales. Rubén nos quería acoger en su hotel por una semana, y Pablo nos quería ayudar con la recogida de nuestra amiga Anna en el aeropuerto y mostrarnos los encantos de la ciudad y sus alrededores. ¿Que podíamos decir ante tales propuestas? Sólo una palabra: Gracias.


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Con Rubén, en la puerta de su hotel


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Con Pablo disfrutando de una tarde familiar


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El futuro del ciclismo colombiano, encuentros casuales en la ruta


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Camiones que transportan caña de azúcar, o dicho a su manera “Trenes cañeros”


Veníamos agotados por todos los esfuerzos hechos, habíamos recorrido más de 1000 km en 19 etapas, estábamos satisfechos, pero ahora nuestro cuerpo nos pedía descansar y aceptar todas las ayudas sin rechistar.

Y así fueron pasando los días, recogida emocionante de Anna en el aeropuerto, visitas a la ciudad, comidas y cenas deliciosas, pedalear por la ciclovía y conociendo la realidad colombiana de la mano de los locales.

Parece q los Paisas tienen un objetivo claro, romper con la historia reciente que tanto daño les ha hecho en su reputación. Quieren que se les conozca por su generosidad y no por los años en las que el cartel de Medellín hizo añicos parte de la sociedad. Han pasado 20 años y se ha invertido mucho en educación, pero sobretodo, ha sido la práctica la que ha demostrado que el narcotráfico no era la mejor de las salidas, la muerte o la cárcel estaban más que aseguradas. Lo injusto es que en su momento fueron una minoría pero crearon una mala fama que hasta ahora les sigue persiguiendo.


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Un paisa sabio que no fue a la Universidad pero que entendió la Vida


Esperemos que a poco a poco se vaya conociendo la otra Colombia, la que maravilla por sus paisajes y el buen hacer de la mayoría de sus gentes.

P.D. Nos encanta leer vuestros comentarios, nos da fuerza para seguir con nuestra aventura