Sí, sí.. lo has leído bien, como Robocop. Cuando me bajo de la bicicleta me quedo en una posición en la que sólo muevo mi torso, las piernas se quedan clavadas al suelo y mi mirada está perdida en el infinito. Pasar de Ecuador a Colombia sabíamos que iba a ser duro, los perfiles de ruta ya lo avisaban, pero una cosa era verlo por internet y otra bien diferente pedalearla.

Somos principiantes, también llamados “pardillos”, y eso marca la diferencia. Estamos aprendiendo a dosificar, pero para ello hemos tenido que pecar. El primer día después de salir de Ibarra se nos ocurrió hacer 65 km con 25 km de subida y 1000 metros de desnivel. ¿Sabéis que pasó? Pues que al día siguiente no podíamos ni ir a comprar el pan. ¿Lección aprendida? Pues no.


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Saliendo de San Gabriel, Ecuador


Después de un día de descanso en Cantón Bolívar decidimos coger las bicicletas y adentrarnos en un mar de niebla, queríamos otro día épico y nunca habíamos cicleado en condiciones iguales así que nos dimos el lujo…  Por suerte, en un momento de lucidez decidimos parar en el parque de Bomberos de San Gabriel. Al llegar, nos invitaron a recorrer toda la zona de Montúfar con su coche y estuvimos durante 3 horas dando vueltas por paisajes espectaculares con grandes desniveles.


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Foto natural sin nada de pose


Por la noche, mi cuerpo (Alex) dijo basta, decidió subirme la temperatura y hacerme ir unas cuantas veces al baño. Arrodillado delante del lavabo entendí el mensaje: “No eres Indurain, ni esto es el Tour de France”. Así que al día siguiente tocó buscar una habitación en un hostal y dormir todo el día.

Amor libre sí, pero con responsabilidad y respeto

Últimamente no tenemos mucho ojo para escoger los hoteles, otra vez más hemos ido a parar a un Love Hotel pero esta vez con mucho más gusto. Aquí es de lo más frecuente encontrarte con este tipo de residencias. Aparentemente parece un hotel y cuando ya estas dentro de la habitación comienzas a ver detalles que son diferentes, los cuadros tienen cierta sensualidad, los jabones son íntimos, y en las vitrinas venden licores y condones.

¿La pregunta es porque aquí hay tantos y en otros sitios no? Pues la respuesta a priori es la infidelidad. Aquí es de lo más normal, todo se vale. A nuestros ojos, no parece muy saludable porque hace que muchas familias se rompan y el marrón se lo acaben comiendo las mujeres y los hijos ya que los padres desaparecen y escapan de sus responsabilidades. Decimos a priori porque hasta ahora son las historias que conocemos, así que lo dejamos a revisión para llegar a conclusiones más complejas.


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Tan lejos y tan cerca ¿Y si nos volviéramos?..


A día siguiente nos subimos a las bicicletas y después de unas duras rampas ya llegamos a la frontera. Allí conocimos a Cyrille, un cicloviajero de 63 años con el que íbamos a compartir buena parte de nuestra entrada a Colombia. Pedalear en compañía siempre se hace más agradable y aún más cuando te cuentan historias que emocionan, os recomendamos que leáis el post que estamos preparando…

Juntos descendimos 40 km sorteando unas magníficas curvas entre un paisaje bello y salvaje. La frontera pasa entre altas y estrechas montañas con un amplio abanico de verdes y cascadas. ¡Que goce! ¡No todo es sufrir! Al llegar comimos y Cyrille decidió afrontar 25 km de subida con un calor imponente. Nosotros disfrutamos unos helados de sabores tropicales, aún no sé el sabor que fue el mío, pero nos recordó que no sólo de subidas vive el hombre.


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Compañeros de ruta, ¡Olé tú! Colombia


Al atardecer queríamos hacer un poco de ruta pero hacía tanto calor que nos paramos al primer kilómetro. Un banco y una sombra en una casa nos hizo detener. No había nadie, así que era el lugar perfecto para reposar una horita y esperar a que bajara un poco más el sol.

Al cabo de 20 minutos apareció la dueña de la casa, la Sra. Matilde que se apiadó de nosotros y nos invitó a que nos quedáramos y saliéramos a la mañana siguiente. Nos habían hablado de la hospitalidad de los colombianos, pero no sabíamos que íbamos a saborearlo tan pronto. Por la noche estuvimos escuchando historias de su Vida y sus hijas, entendiendo un poquito más la cultura de aquí.


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Casa de Matilde y su estratégico porche, Colombia


Son una familia humilde de gran corazón. Matilde vive con una de las hijas y su nieto, algo bastante habitual ya que las chicas tienen hijos muy jóvenes y al final es la abuela quién adopta al nieto como un hijo más. Para ganarse la vida venden chirimoyas a pié de carretera y con eso ganan lo mínimo para sobrevivir. No necesitan mucho, pero sienten que les gustaría tener un poquito más…

Y por último llegó el temible día, la subida hasta Pasto. Otra vez 25 km de subida con otros 1000 metros de desnivel. Frío, calor, lluvia, granizo y vientos. Alba comandando el equipo, pedal a pedal, ganando confianza en ella misma, y yo pensando “la historia se repite, mañana seré Robocop”.